viernes, 3 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 25

CAPÍTULO 25. DISTURBIOS.

El Capitán O´hara sudaba copiosamente. No entendía bien lo que estaba ocurriendo. O quizás lo que no quería era creerlo. Aquellos cabrones habían salido de sus celdas y ahora usaban a dos de sus hombres como escudos. Una situación muy difícil. Además, la maldita luz se había ido y no parecía que fuera a volver pronto pero gracias a la claraboya del vestíbulo podían ver con claridad. El ruido de la calle lo ponía más nervioso.

- ¡Capitán – oyó que lo nombraban desde el otro lado-, será mejor que aparte a sus hombres y nos deje salir si no quiere más de sus polis muertos!

- ¡Matad a alguno y saldréis de aquí hechos un colador! – respondió O´hara-

- ¡Vamos Capitán, no sea estúpido! ¡Eso no consolaría a las viudas y familiares de estos dos “valerosos” hombres y lo sabe! ¡Usted no quiere que mueran y nosotros queremos salir de aquí. Es muy sencillo!

O´hara no alcanzaba a pensar nada coherente. Estaba muy nervioso. Aquello era una locura. Ya lo fue desde que detuvieron a los que ahora pretendían huir. Es una pesadilla – pensó- una muy intensa.

- Señor. Ya he llamado por radio al equipo SWAT, pero dicen que no pueden venir, tienen una situación conflictiva en otra parte. Dijeron algo sobre que el apagón está muy generalizado en toda la ciudad y que está caldeando los ánimos. Estamos solos.

- Esta ciudad se va al cuerno y nosotros tenemos asientos de primera fila para verlo, pero no entiendo por qué. Está bien. Esos cabrones no salen de aquí, quiero tiradores en las escaleras ya. Que se parapeten bien y sean invisibles. Cuando de la orden que cosan a balazos a los chiflados. ¿Entendido Domínguez?.

- Como el agua señor. Ya estoy avisándolos.

- Muy bien. – Y volviendo a dirigirse a los fugados gritó- ¿Cuáles son vuestras exigencias?

- ¡Queremos un todo terreno con el depósito lleno en la puerta, libre acceso hasta él y que no nos siga nadie! ¡Cuando estemos seguros de que no nos han puteado soltaremos a sus hombres!

- ¡De acuerdo! ¡Tendrán lo que piden, dénos un poco de tiempo!

López se acercó al oído de Yurena:

- ¿Cuánto falta?

- Un minuto señor. Tan sólo un minuto.

- Bien. Mientras estos idiotas no sospechen nada y crean que queremos el estúpido coche todo saldrá como planeamos.

- ¿Qué pasa con los polis?

- Ya están muertos – contestó López con una sonrisa cruel-

La voz de O´hara volvió a oírse:

- ¡Bien, ya hemos pedido su todo terreno! ¡He dado orden para que tengan libre el camino hasta él!

- ¡Vale! – contestó Ortiz- ¡Mientras vosotros cumpláis, nosotros también!

Durante un rato, policías y fugados, se mantuvieron quietos. Al poco tiempo un zumbido cada vez mayor comenzó a llegarles con nitidez y puso en alerta a los policías.

- ¿Qué coño es eso? – preguntó el detective-.

- No lo sé señor. Quizás sea la corriente volviendo.

- ¿La corriente? Vamos hombre, eso no es la electricidad. El sonido no llegaría hasta nosotros desde los generadores y menos creciendo de esa manera. Además… - dijo O´hara mirando hacia la bóveda de cristal situada a varios metros sobre sus cabezas - parece venir de arriba –.

Muchos policías, inquietos por el sonido cada vez mayor, comenzaron a mirar hacia arriba nerviosos y extrañados. Ahora el ruido era más nítido. De pronto, y para sorpresa de todos menos de López y su grupo, la gran bóveda se hizo añicos ante sus narices y los cristales comenzaron a llover hacia los policías, que corrieron a refugiarse en su mayoría mientras otros caían fulminados y heridos. El zumbido eléctrico era ya algo presente en el recinto. Otro zumbido, esta vez más mecánico que eléctrico, se unió al ya conocido. López y sus hombres se tiraron al suelo. Sin previo aviso del centro de la sala unos fogonazos y unas balas emergieron de la nada acribillando a la mayoría de policías que quedaban en pie. Desconcertados y no sabiendo qué ocurría, comenzaron a disparar al lugar de donde procedían los disparos mientras sus balas chocaban con el aire y caían al suelo. En la confusión, López, Ortiz y las dos chicas se habían acercado al centro del lugar. Una escalerilla apareció de repente y los cuatro subieron por ellas para desaparecer de repente. Los policías que aún quedaban vivos no daban crédito a sus ojos. El zumbido eléctrico comenzó a incrementarse de nuevo y poco a poco se oía más lejos en dirección ascendente hasta que en sus oídos, sólo retumbaba ya el eco de los disparos. El Capitán O,hara no salía de su asombro. Con la cara desencajada y pálida comenzó a revisar el lugar lleno ahora de cristales rotos, cuerpos ensangrentados y gemidos. Un ruido metálico lo sobresaltó. Miró hacia el lugar de dónde procedía y observó una esfera metálica del tamaño de un balón de baloncesto que rebotó varias veces en el suelo hasta quedar parado entre los restos acumulados. Intrigado, al igual que sus hombres, se quedó mirando el objeto. Entonces tardó 10 segundos en darse cuenta de lo que ocurría, pero fue demasiado tarde. En el exterior de la comisaría la gente que había en la calle vio, sintió y padeció la enorme explosión que voló en pedazos el edificio, llevándose por delante los que estaban más cerca, así como vehículos y personas. El caos se apoderó entonces de las calles. Ajenos al motivo de la explosión y presas del pánico, la gente no se percató del avión invisible que los sobrevolaba portando en su interior a un eufórico López, sonriendo ante la devastación que habían dejado a su paso. Al caer la tarde de aquel día los disturbios se habrían extendido a gran parte de la ciudad – pensó-. Mientras, Yurena se le había acercado y preguntó:

- ¿Regresamos a casa, señor?

López la miró un instante perdido aún en su éxtasis particular y luego negó con la cabeza. No nos iremos – dijo- Vamos a encontrarlos y a acabar con ellos.

- Pero señor, la situación se ha vuelto muy peligrosa. Con el caos reinante en las calles y el que vendrá mañana será imposible localizarlos.

- Tranquila, los encontraremos. Soltaremos los D.A.E.V. (Dispositivos Asesinos Espía Voladores). Mandaremos un par de ellos al almacén donde encontré a Aarón y Violeta. Estoy seguro de que allí trabajaban para poder regresar y volverán a por sus cosas. Otros 10 sobrevolarán la ciudad en su busca. Introdúceles los datos de los objetivos y comprueba que todos tienen el sistema de camuflaje en perfecto funcionamiento.

- Muy bien señor. ¿Y nosotros?

- Nosotros regresamos al punto de aterrizaje, junto a los restos del TET 4. En cuanto alguno de los DAEV de la alarma iremos a su encuentro y acabaremos el trabajo. Eso si los mismos dispositivos no lo hacen por nosotros – insinuó sonriente-. En marcha y pon sobre aviso a los demás.

Y Yurena, con eficiente precisión, acometió las órdenes de López en escasos veinte minutos.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez