lunes, 20 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 27

CAPÍTULO 27. DAEV.

El lugar estaba como lo habían dejado antes de marcharse forzosamente. Los numerosos y complejos aparatos que habían construido seguían en su lugar y el aparato espacio-temporal también. Una pregunta llegó a los oídos de Max, Sara y Parker:

- ¿Para qué necesitamos el aparato espacio temporal? No logramos hacerlo funcionar.

- Ross, ¿crees que sería buena idea dejarlo aquí y que alguien lo encontrase? – contestó Parker-

- Entiendo, podría cambiar la historia. Lo olvidaba.

- Bueno chicos, debemos irnos ya. – apremió Max- No ha sido fácil llegar hasta aquí y todavía debemos abandonar la ciudad. Una vez en las afueras esperaremos la señal de Richard para saber que ya tienen el TET 5 bajo control. Sara – dijo mirando por detrás de sus otros compañeros-, ¿qué ocurre?...

Ella no respondió. Se encontraba mirando una de las atestadas mesas, llenas de aparatos electrónicos, cables, tornillos, circuitos, chips y numerosas herramientas, entre otras cosas. Los tres hombres se acercaron a ella intrigados. Cuando estuvieron a su altura, la chica los miró preocupada.

- Eso no estaba ahí – señaló un aparato de entre todos los que había- No es nuestro.

- ¿Estás segura? – preguntó Parker-

- Vamos mujer – añadió Ross-, seguro que ya estaba ahí. Hemos trabajado con muchos aparatos, es normal no darse ni cuenta de cuál es cuál.

- Oye tío – contestó Sara disgustada- no soy imbécil. Te digo que eso no estaba ahí antes de marcharnos. No es nuestro.

Max observó mejor el aparato sujetándolo con las manos. Aquel extraño artilugio en forma de ojo y del tamaño de un balón de rugby le resultó familiar, como si hubiera visto algo similar en otro lugar. Unos planos y un prototipo – pensó- en su propio tiempo. Lo soltó de golpe sobre la mesa y para sorpresa de los demás cogió una llave inglesa y arremetió contra el aparato, el cual quedó destrozado y chispeando, emitiendo un sonido eléctrico. Claramente alterado se viró hacia los demás, que lo miraban entre asustados y confusos. Pero no los veía a ellos, su mirada iba de un lado a otro del recinto con patente inquietud mientras la llave inglesa seguía en su mano firmemente sujeta.

- ¡¿Qué pasa?! –exclamó Ross. ¿Qué era eso que has machacado? ¿Qué buscas ahora? ¡Joder, dinos algo! –exclamó-

Max centró la mirada en ellos por fin y susurrando los puso en antecedentes: Tenemos que irnos de aquí. Corremos peligro. Parker, coge la unidad espacio-temporal y vayamos hacia la puerta.

- ¿Quieres decirnos que ocurre de una vez? La impaciencia en la voz de Ross era patente y también el miedo.

- Corremos peligro. Están en todos lados.

Las miradas incrédulas de todos se posaron en él. Como una prueba de lo que decía, diversos ruidos procedentes de distintos puntos del lugar los pusieron alerta. Había más aparatos como el que Max destruyó, sólo que estos se movían entre las piezas y aparecían de donde se encontraban camuflados. Los cuatro compañeros fueron fijando la vista hacia donde los sonidos les indicaban.

- ¿Qué son? – preguntó la chica-

- DAEV. Al menos así lo llamaban en la empresa. Llegué a ver un prototipo en producción. Se supone que sirven para vigilar y matar. Son inteligencias artificiales de uso militar. Esos cabrones los habrán dejado aquí por si volvíamos.

- ¿Cuándo? Según Aarón ninguno llegó a entrar. Fueron detenidos antes.

La respuesta no llegó. Los DAEV flotaban en el aire ahora, rodeándolos. Contaron cinco. Instintivamente comenzaron a coger cualquier cosa que les sirviese para defenderse y se prepararon. Los dispositivos desplegaron entonces extraños zarcillos metálicos y en un instante salieron disparados hacia ellos. Sara se tiró al suelo antes de que le alcanzasen mientras que Max y Ross escaparon por los pelos, parapetándose bajo una mesa. Sin embargo, el desafortunado Parker fue alcanzado por dos de ellos. Los zarcillos de uno le cubrieron el brazo y los del otro hicieron lo propio en la espalda. Una vez sujeto, los aparatos comenzaron un acercamiento al cuerpo lenta y fríamente, como depredadores que ya tienen a su presa. Sus gritos pidiendo ayuda llenaron el lugar. Ross hizo ademán de levantarse y socorrerlo, pero Max se lo impidió y le señaló los otros DAEV, que se mantenían en el aire a la espera. Los “depredadores” habían ya alcanzado a Parker, clavándose mediante unos “dientes” de metal en su carne. Un alarido de dolor salió de su garganta hasta que una descarga eléctrica de grandes proporciones le hizo convulsionarse brutalmente mientras su piel se abrasaba y sus ropas quedaban reducidas a cenizas. El cuerpo sin vida y calcinado cayó al suelo y los DAEV que lo sujetaba no volvieron a moverse. Los otros comenzaron la búsqueda de las siguientes víctimas. De pronto y sin previo aviso, Sara salió de detrás de un archivador donde se había arrastrado durante el ataque. Con todas sus fuerzas lanzó una barra metálica hacia uno de los aparatos dándole de lleno, haciendo que perdiese el control y cayese al suelo rebotando varias veces. Los otros dos se dirigieron a ella mientras intentaba encontrar algo más con lo que defenderse, pero sin tiempo para hacerlo sintió que un frío metálico le cubría el rostro. Esta vez los otros dispositivos se quedaron al margen esperando, mientras el tercero se acercaba lentamente a su objetivo. Sara supo que iba a morir y notó el cálido llanto que emergía de sus ojos y descendía por las mejillas. Pero tal como llegó, la presión en su cara cesó. Desorientada observo que el aparato que la asía ardía y junto a él, Ross portaba un soplete en la mano. Unos pasos más atrás Max blandía la llave inglesa con la que destruyó la primera de aquellas cosas y le asestaba un severo golpe a otra de ellas, haciéndola caer entre chispas. El otro quedó suspendido frente a él, calculando quizás el riesgo de un ataque frontal y calibrando la situación. La llave inglesa se reflejaba en su ojo electrónico y éste, emitía un zumbido que indicaba el movimiento constante del zoom y los mecanismos internos. Preparado para todo, Max permaneció atento, notando como el sudor le empapaba la espalda y el rostro. El corazón bombeando con fuerza. Los músculos tensos esperando el inminente ataque. Pero en un instante comprobó que no le haría falta y bajó la herramienta. El DAEV no tuvo tiempo de reaccionar, pues una llama lo hizo arder y consumirse entre pequeñas explosiones.

- Gracias Ross – expresó Max aliviado-

- Un placer.

- ¿Y el aparato espacio-temporal? –se oyó preguntar a Sara-

- Lo tenía Parker cuando lo atacaron, ha quedado inservible por la descarga eléctrica –contestó Max mirando el destrozado dispositivo-

- ¿Cómo lo lograron? – preguntó Ross- Tú dijiste que no llegaron a estar aquí dentro. ¿Qué hacían entonces estos “monstruos” en este lugar?

- Vinieron volando evidentemente. Es probable que López y sus secuaces los enviaran antes de que los detuvieran.

- ¿Y si no fuera así? – dijo Sara con el rostro pensativo- ¿Y si los han enviado después?

- ¿Qué? ¡Es imposible, Aarón y Violeta vieron como los detenían! –exclamó Ross convencido-

- Sara tiene razón, podrían haber escapado – especuló Max- No sabemos qué pudo pasar después de que nuestros compañeros testificasen en la comisaría. Debemos ir allí y comprobarlo, porque si han huido, los demás estarán en peligro. Contamos con que no haya nadie en el TET 5 pero lo hacemos a ciegas. No podemos continuar así.

- Estoy de acuerdo. No debemos quedarnos con la duda. No arriesgaré la vida de los demás ni la de Aarón, ya han muerto demasiados. Pongámonos en marcha. Vamos Ross – dijo con firmeza Sara mirando a su compañero-. ¿Ross, qué ocurre?

Pero Ross no pudo contestar, su rostro estaba poniéndose violeta y los ojos inyectados en sangre suplicaban ayuda. Unos zarcillos le oprimían el cuello asfixiándolo. Con las manos intentaba quitárselos, pero no tenía manera de agarrarlos. Max y Sara acudieron en su ayuda en vano, pues unos dientes de metal asomaron a través de la garganta, salpicándolos de sangre y acto seguido su compañero se precipitó de rodillas mientras el aire se le escapaba por el orificio junto con el gorgoteo de la roja sangre. Luego la descarga acabó con su vida de la misma manera que lo hizo con Parker. El cuerpo se desplomó de frente. En la nuca, aquella aberración mecánica yacía clavada sin moverse. Era la que Sara había abatido hacía unos minutos. Esta se abrazó a Max llorando y él, sin poder evitarlo, también descargó la frustración, el miedo y el dolor de la perdida. Permanecieron así unos minutos, hasta que consiguieron serenarse. Acto seguido, echando una última mirada atrás se encaminaron fuera de aquel sitio. Al llegar al exterior, el todo terreno en el que habían llegado les aguardaba. Max se colocó al volante y puso rumbo a la ciudad. Ninguno dijo nada hasta llegar a la urbe, donde las calles ya aparecían atestadas de gente enloquecida, atascos masivos de coches, peleas, robos y carreras apresuradas.

- Tenemos que seguir a pie Sara.

- Lo sé – dijo asintiendo-

- Debemos ser fuertes. Aún hemos de llegar a la comisaría y comprobar que esos cabrones sigan allí, pero tras lo acontecido tengo un mal presentimiento.

- Yo también. Prefiero no pensarlo, pero algo me dice que lo de los DAEV ha sido posterior. ¿Cómo cruzaremos a través de esta locura? – señaló a la gente-

- ¿Con cuidado? – contestó Max con una tímida sonrisa-. Vamos, no nos demoremos más. La comisaría está tan solo a 5 manzanas. Iremos a paso ligero y sin pararnos en ningún caso.

Ambos abandonaron el vehículo y comenzaron a atravesar por aquel gentío descontrolado. Para su sorpresa cubrieron casi todo el trayecto sin ningún percance, exceptuando algún que otro tropiezo y descargas de improperios dirigidos hacia sus personas. Doblaron la última esquina entre jadeos y abundante sudor. Se quedaron sin respiración. El lugar donde supuestamente se hallaría la comisaría era un amasijo de escombros ahora. Cruzaron la calle hacia varias ambulancias que atendían numerosos heridos. También se hallaban allí los bomberos. Curiosamente no había tanta concentración de gente en los alrededores. Max se acercó a un hombre al que estaban vendando la cabeza y llevaba un brazo en cabestrillo.

- ¿Qué ha ocurrido aquí? ¿Quién ha hecho esto?

El herido lo miró con los ojos perdidos. Fue el miembro del servicio de urgencias quien contestó:

- Según numerosos testigos el edificio voló por los aires. Nadie sabe qué ha pasado con seguridad. Rumores de algún atentado, pero nada fiable. Los únicos testigos que podrían contar lo que pasó con seguridad murieron en el interior, obviamente.

Notando que la persona herida se había alterado por sus palabras, el paramédico procedió a inyectarle un calmante. Cuando fue a continuar la conversación se percató de que su interlocutor había desaparecido. Giró la cabeza de un lado a otro y lo vio correr calle abajo junto con una chica.

- Han huido Sara – dijo entre jadeos- Tenemos que llegar al lugar donde nos estrellamos antes de que ocurra lo peor. Los DAEV habrán enviado aviso de nuestro encuentro en cuanto nos detectaron. Debemos encontrar un vehículo y…

De pronto detuvieron su avance. Lo que acontecía en la calle a la que habían ido a parar les dejó boquiabiertos. Lo habían estudiado en el colegio, estaba en todos los libros de historia y en los diversos documentales holográficos. Pero no era lo mismo que estar allí. Cientos de policías y militares armados con porras, armas lanza pelotas de goma, escudos y cascos en un extremo. En el otro miles de ciudadanos provistos de todo tipo de objetos arrojadizos. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Numerosos gritos e insultos. La voz amplificada de algún agente de la ley ordenando la dispersión inmediata del tumulto. No hubo más tiempo para pensar. Agarrando a Sara de la mano, Max tiró de ella entre la policía y los ciudadanos, atravesando la calle totalmente justo cuando comenzaron a llover las piedras, palos y demás armas arrojadizas a la vez que las fuerzas del orden arremetían contra la multitud. De frente, numerosos fotógrafos llenaban el aire con la luz de los flashes y otros tantos periodistas grababan con sus móviles o grabadoras la crónica de lo que estaban presenciando. Max y Sara siguieron corriendo. En sus mentes sólo había un pensamiento ahora: salvar a sus compañeros.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez