lunes, 20 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 30

CAPÍTULO 30. ESPERANZA.

El convoy de tanques y camiones militares se dirigía en dirección contraria, hacia la ciudad. Los helicópteros y cazas los sobrevolaban con el mismo destino. Por delante, una hilera de coches abandonaba la ciudad, al igual que ellos. Llevaban horas en aquel atasco. Cientos de personas huían del caos en que se había convertido Las Vegas. Poco sospechaban que aquello era el principio de una guerra civil que hundiría para siempre a los Estados Unidos de América. Sara lo sacó de sus pensamientos:

- A estas alturas ya debe de haber ocurrido lo peor.

- Vamos, no debemos pensar así. Son listos, quizás se dieran cuenta de todo a tiempo. Estarán bien – afirmo Max sin demasiado convencimiento-

No volvieron a hablar. Se limitaron a observar la lenta caravana del ejército. La suya tampoco es que avanzara mucho más deprisa. En realidad no andaban tan lejos del primer vehículo que abandonaba la ciudad. Calcularon que tenían delante unos 6 o 7 más. Aún así eso no les levantaba la moral. Ambos se temían por lógica lo peor y nada los sacaba de ese pensamiento. Max se sorprendió a sí mismo volviendo a recordar los momentos en su hogar, aquel que hacía años incluso en su tiempo que no habitaba debido a todo aquel proyecto. Miró a Sara. A su mente vino una imagen más joven y menos estropeada de la chica. Una sonrisa y un optimismo que llenaba a los que la rodeaban. Aún recordaba la cara de idiota que se le quedó a Aarón al conocerla. Ella había mostrado interés en un principio por él mismo, pero a Max no le decía nada más allá de la mera atracción física que podía sentir igual que ante cualquier chica bonita, inteligente y atractiva. Podía haberla tenido, sí, pero estaba claro que su decisión fue acertada. Desde que Aarón y ella cruzaron las miradas saltaron las chispas. Los había llegado a querer a los dos. Eran su familia. Todo el grupo lo era. Y ahora aparentemente la única persona que le quedaba era ella. Volvió a salir de sus pensamientos, pero esta vez no fue Sara quien lo distrajo, sino las voces y bocinazos que llegaban de los demás conductores. La lenta marcha se había detenido. Algunos compañeros de viaje habían abandonado los vehículos.

- ¿Qué ocurre Sara?

- No lo sé. Bajemos a investigar.

Curiosos fueron remontando los coches a pie. Al fondo distinguieron un tanque cruzado en la carretera que les impedía pasar. Al llegar a su altura los que allí se encontraban discutían acaloradamente con los impasibles soldados:

- Oigan, ya le hemos dicho que no pueden pasar. No podemos darles detalles. De momento es peligroso seguir por la carretera y punto. Sean tan amables de volver a sus vehículos por favor. No lo volveremos a repetir.

- ¿Pero cómo pretende que nos quedemos aquí? Por si no se ha dado cuenta ahí detrás dejamos una guerra.

- Créame amigo – dijo el soldado- ahí delante ahora mismo ha comenzado otra.

Sara y Max se miraron perplejos. La gente siguió quejándose a los militares, pero no conseguían nada. Ellos se apartaron a un lado.

- ¿Qué querrá decir con eso de una guerra delante? ¿Podría tratarse de ellos?

- No lo sé Sara, pero tendremos que averiguarlo. No podemos quedarnos aquí.

- ¿Y qué propones que hagamos?

- Tenemos el equipo necesario para captar la frecuencia de los soldados. Volvamos al coche e indaguemos. Mejor eso que nada.

Mientras, más conductores se iban acercando a la cabeza de la caravana. Ellos retrocedieron y se internaron en su vehículo. Sara revolvió en las mochilas que llevaban en el todo terreno hasta encontrar lo que buscaba. El aparato parecía una pequeña antena acoplada a un monitor de plasma. Sin embargo la imagen del mismo era holográfica. Tecleó varios botones mientras diversos números cambiaban una y otra vez en la pantalla. Captaron todo tipo de conversaciones y llamamientos. En las emisoras de radio sólo se hablaba de la batalla campal en Las Vegas. Siguió buscando. Max la hizo parar y retroceder varios puntos. Ahí, justo ahí – dijo-

- … Roger. Tenemos visual Jefe Tango. Confirmo la no identificación del vehículo…ahora vira hacia el sur. Cambio. Es muy rápido, apenas nos mantenemos detrás. Cambio. Lo tenemos fijado, vamos a dispa… ¡joder!

- Aquí Jefe Tango. Repita última información. Confirme blanco fijado. Cambio.

- Negativo señor. Cambio. Repito, negativo. Ha hecho un picado hacia el suelo y continúa en el sentido de la carretera. Cambio. Se dirige directo a ustedes. Repito, vehículo no identificado en dirección a Jefe Tango. Cambio…

Los siguientes informes fueron muy confusos y cada vez más cortos hasta que la estática llenó la emisión. Se había cortado la comunicación. Sara miró a Max, el cual parecía concentrado en sus pensamientos. Por fin la miró:

- Está claro que tiene que ser el TET. Ahora la gran incógnita es quién tiene el control del mismo.

- Pues como no encontremos un…- Sara quedó en silencio-. Acto seguido volvió a coger la mochila de la que había sacado la emisora. Tanteó el fondo ante la interrogante mirada de su compañero. Al fin sacó la mano con algo pequeño y compacto en la mano. Se lo enseñó.

- ¿El móvil?

- ¡No recordaba que aún lo llevábamos! –dijo con sorpresa-. Sólo nos queda una posibilidad y es que Aarón lleve el suyo encima... y que esté vivo claro. Marcó el número con nerviosismo. Se puso el aparato en el oído. Comenzó a oírse los tonos característicos. Está encendido – pensó- y un pequeño conato de ilusión se hizo hueco en su corazón. Un chasquido.

- ¿Sí?

- ¿Aarón?

- ¿Sara?... Dios mío, ¡Sara!

- ¡Estáis bien!, pensábamos que os había pasado lo peor – dijo entre lágrimas-

- Yo también. Te daba por muerta. ¡Dios, cuánto me alegro de oír tu voz Sara! ¿Dónde estáis?

- En las afueras de la ciudad. Íbamos en vuestra búsqueda pero unos militares retienen el tráfico y no podemos pasar. ¿Y vosotros?

- Es largo de contar. Ahora debemos hallar la manera de encontrarnos. Tendremos que localizar un punto seguro. Tenemos el TET cariño, lo hemos logrado. ¡Volveremos a casa1

Entre lágrimas Sara miró a Max sin decir una palabra y éste supo al instante que la esperanza había vuelto a aparecer en sus vidas.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez