lunes, 20 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 29

CAPÍTULO 29. COMBATE AÉREO.

León había dejado atrás los helicópteros. Sin embargo el ordenador le mostraba en letras grandes la proximidad de cazas enemigos. Los tenía en cola a pesar de la maniobrabilidad del TET. Nuevamente las alarmas saltaron. Los habían fijado y estaban a punto de disparar. Con rapidez hizo que el avión descendiera a ras del suelo. Nuevamente el ordenador quedó en silencio. La carretera que se abría ante sí pasaba a velocidad vertiginosa. Las alarmas sonaron otra vez, pero esta vez el ordenador indicaba inminente colisión y aconsejaba acción evasiva. Por puro reflejo León tiró para sí de los mandos y el avión quedó en vertical con el morro hacia el cielo. El corazón le golpeaba el pecho con fuerza. Suavemente fue enderezando de nuevo el aparato. Las alarmas seguían activas. En la pantalla se leía aviso de fuego enemigo. Numerosos cañonazos que explosionaban cerca hacían temblar el aparato. Cambió de rumbo mientras su cerebro, que trabajaba a gran velocidad, pensó en baterías de tierra. ¿De dónde salía el ejército? ¿Cómo los habían avisado tan rápido? Una voz en su cabeza acalló las dudas. Tenía que concentrarse en sobrevivir. Otro aviso lo puso alerta. Objeto volador acercándose a gran velocidad justo delante. No lo dudó ni un segundo y oprimió el disparador de la ametralladora de a bordo. En segundos atravesaba una bola de fuego y hierro que hizo temblar el fuselaje. Lo había derribado. Cansado de estar a la defensiva y animado por el reciente blanco, se serenó lo suficiente para que su cerebro actuase por él. Dio media vuelta. En pantalla tres marcas indicaban nuevos cazas a tiro. El ordenador automáticamente fijó un misil para cada objetivo. León disparó. El trío salió disparado del TET impactando en sus destinos. No perdió ni un segundo. Descendió a nivel del suelo y sin piedad barrió los tanques y baterías que les disparaban desde allí de una pasada. Aquel vehículo era muy bueno – pensó mientras volvía a ascender-. Las alarmas habían cesado y la pantalla no mostraba más señales. Redujo la velocidad gradualmente. Conectó la frecuencia interna:

- Ya ha pasado el peligro. Voy a aterrizar para comprobar si hemos sufrido algún daño en el fuselaje antes de continuar.

El descenso final fue suave y sin contratiempos. El TET tocó tierra y León apagó el motor. Respiro unos segundos, haciendo que su corazón recuperase el ritmo normal. Se desabrochó el cinturón de seguridad y se levantó. Abrió la puerta de la cabina y se encaminó a la zona de pasaje.

- ¡Sorpresa capullo!

El piloto levantó las manos. Ante sí tenía a Aarón apuntándolo con un arma. Richard a su lado sonrió con el labio partido. Distinguió a López con una brecha en la cabeza, pero vivo y atado a uno de los asientos con el cinturón de seguridad. Unas esposas magnéticas le sujetaban las muñecas. La mordaza improvisada con un trozo de cinturón de seguridad le impedía hablar. Violeta lo observaba de lejos, sentada en su asiento. Los demás compañeros del piloto yacían por el lugar, muertos.

- ¿Pero cómo lo habéis hecho? – preguntó-

- Debisteis registrarnos. Os hubierais dado cuenta de que en mi reloj tenía incorporado un impulsor magnético. Al accionarlo cambié las polaridades de las esposas y se abrieron. Mientras pilotabas y aprovechando el factor sorpresa redujimos a tus compañeros. Bueno, alguno cayó gracia a tus acrobacias. Una de las chicas salió despedida por la inercia y se abrió la cabeza. En fin, mala suerte. Como decía aquí este cabrón – y Richard señaló a López- en la vida hay ganadores y perdedores.

- ¿Y ahora qué? ¿Me matáis?

- No – contestó Aarón- Te necesitamos. Pilotarás este trasto de vuelta a casa y acabaremos con Fleitas de una vez. Pero antes debemos comprobar que no haya daños en el fuselaje, así que andando.

Y mientras se encaminaban al exterior, Aarón sintió que algo le vibraba en el bolsillo. Metió la mano y sacó el móvil, del cual ya no se acordaba. Lo descolgó sin mirarlo siquiera y contestó.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez