miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una desconocida.

La última vez que la ví tenía 11 añitos. Por aquel entonces la invitábamos a comer a casa, a ver alguna peli, salíamos por ahí... eran buenos tiempos. Le encantaba hacer la payasa, entrar con Chiky a las tiendas de bisutería y otras tantas cosas que le suelen gustar a las niñas. Más de una vez me sorprendía cuando le ponía alguna peli de mi infancia, como Enemigo Mío, y le gustaba. O cuando me dijo una vez que le gustaba el remake de La Guerra de los Mundos, pero también la original. En esos momentos sientes un orgullo especial, quizás desde el lado más friki que tengo, pero también desde el lado de hermano mayor que comparte cosas con su hermana pequeña.

A día de hoy tiene 14 años y he visto una foto suya tras mucho tiempo. Qué lejos queda aquella niña que una vez conocí. El último acto de un padre manipulador y cruel que si no consigue lo que quiere te ataca donde más duele fue quitármela. Ahora es una desconocida y no dejo de preguntarme cómo será, qué tipo de personalidad habrá aflorado en esas edades tan difíciles que está viviendo y si es feliz. ¿Me echará de menos?. ¿Qué le habrán contado y qué pensará de mí?. Son dilemas que me inquietan a menudo. Cuando éstas cosas pasan has de seguir adelante, pero el vacío que te dejan no se va nunca. Sabes que existe, que está por ahí, pero en realidad ya no sabes nada de su vida, ya no puedes abrazarla, aconsejarla, reírte o llorar con ella, ni salir por ahí, ni verla crecer orgulloso, ni apoyarla cuando lo necesite... nada. Ni siquiera he llegado a cruzarme con ella de casualidad, como si la vida misma jugase al despiste con nosotros.

Por todo esto, cuando alguien me dice que mi padre es mi padre a pesar de todo, sé que no lo comprenden porque no han vivido lo mismo. No es ya sólo porque hiciera de mi infancia un martirio y su desprecio y falta de respeto hacia mí (y mi pareja) durase hasta hace 3 años, cuando definitivamente decidí cortar cualquier tipo de relación con él. Ni porque hiciera de mi madre una desdichada tanto psicológica como físicamente cuando estaban juntos, que también es un motivo de peso. Lo que nunca en la vida voy a perdonarle es robarme años de relación con mi hermana pequeña, ya podría suplicarme de rodillas y aún así le miraría con desprecio. El día que envió con el recado a mi hermana de que le prohibía que volviéramos a vernos, ese día deseé que estuviera muerto y si me lo hubiera encontrado por la calle le habría partido la cara sin pensarlo dos veces, por la rabia, la impotencia y el dolor tan profundo que me llenó el alma.

Hoy en día soy feliz, no digo que no. Tengo mi propia familia ahora y una niña en camino con todo un futuro por delante. Pero en mi corazón sigue y seguirá quedando ese vacío que dejó mi hermana. Lo sé porque una sencilla foto hace aflorar muchas cosas que creemos que dejamos atrás, pero en el fondo siguen ahí, apartadas a un lado. Y nunca dejaré de preguntarme si algún día la volveré a ver, si ella querrá hacerlo y si podremos conocernos de nuevo, como los dos desconocidos que hemos llegado a ser el uno para el otro.

3 comentarios:

Juls dijo...

Espero que algún día recuperes aquello que se te robó.

Al fin y al cabo, como una vez dijo Han Solo, las prohibiciones pueden saltarse ¿no?

Trepamuros dijo...

Hombre, como adulto a mí esa prohibición me la refanfinfla, pero ella es menor de edad y por encima de sus padres no hay nadie. Sólo espero que cuando sea mayor de edad aún tenga interés en volver a verme y hablar largo y tendido de estos años perdidos, comenzando así mismo una nueva andadura. Sólo el tiempo lo dirá.

Carlos Gallego dijo...

Sólo puedo decirte que animo. Al final el tiempo pone cada cosa en su lugar. Un abrazo.