viernes, 3 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 21

CAPÍTULO 21. DECLARACIONES.

El móvil sonó sobresaltando a los presentes. Aarón pidió disculpas y sacó el aparato de su bolsillo para contestar.

- ¿Sí?...Repite eso…ok, ok. En cuanto nos sea posible iremos. No, ahora no puedo hablar, estamos en una comisaría, te lo explicaremos después. Sí. No te preocupes por ellos, creo que ya no suponen un problema. Adiós.

- ¿Algo importante? – Preguntó el detective que tenían sentado al otro extremo de la mesa-

- Oh, era del trabajo. Ya sabe cómo se ponen los demás cuando el único que sabe manejar un problema es uno.

- Desde luego. Bien, ¿por donde íbamos? ¡Ah sí! Les comentaba que hemos consultado en nuestros archivos y esa gente no aparece por ningún lado. Ni siquiera están censados. Le hemos pedido ayuda al FBI, este tipo de casos suele tener que ver con gente muy peligrosa, que borra su identidad para no ser reconocidos y actuar libremente. ¿Seguro que no conocen a estos individuos? Porque al menos este de aquí – dijo señalando una foto de López- parecía conocerlos a ustedes.

- Puedo asegurarle que no tenemos idea de quiénes eran. Nosotros salíamos de nuestro almacén cuando ese hombre nos asaltó sin motivo aparente.

El detective sonrió. Su mirada estaba fija en Violeta, que denotaba nerviosismo y no levantaba los ojos de la mesa. Volvió a fijarse en Aarón y continuó.

- Bueno, según ustedes, trabajan en patentes en ese almacén. Interesante y poco común hobby.

- Detective – alegó Aarón- , los mejores inventores trabajaron en patentes en el pasado. Nosotros sólo creamos cachivaches sin valor alguno.Quizás algún día demos con algo que nos haga ricos.

- Comprendo. Y usted señorita, ¿desea añadir algo?

Violeta dio un ligero respingo sobre su silla. Alzó la mirada y negó con la cabeza.

- No es muy habladora. Si no fuera porque no consta en su historial pensaría que es muda – ironizó el detective-

- Hace poco sufrió una pérdida de un ser querido y desde entonces no anda muy elocuente. Tendrá que disculparla.

Las silenciosas lágrimas que resbalaron por las mejillas de la chica parecieron convencer y avergonzar al policía.

- Le pido disculpas señorita. Muy bien – dijo de manera más amable- , pues de momento nada más. No se preocupen por esos locos, ya están abajo bien encerrados. Les caerán muchos años. Asesinar policías es un delito muy grave y no nos lo tomamos a la ligera. Les ruego, eso sí, que no abandonen la ciudad. Podemos volver a reclamarles para hacer nuevas declaraciones y deberán estar disponibles para declarar ante el juez en la primera vista.

- No se preocupe Detective O´hara, no iremos a ninguna parte – contestó Aarón estrechándole la mano-

El policía de guardia en la puerta les abrió paso y los acompañó fuera de la comisaría. Se despidió con educación y volvió al interior. Aarón respiró aliviado.

- Suerte que las identidades que compramos son buenas.

Violeta lo miró sin ganas.

- Me ha llamado Max. Me ha dicho que debemos ir urgentemente a la cafetería donde solemos quedar algunas veces. Parecía preocupado. Claro que no sabe que López y su gentuza están entre rejas. Algunos hasta muertos.

- Muy bien – dijo únicamente Violeta-

Aarón se acercó al borde de la acera y con un fuerte grito llamó un taxi. El vehículo frenó a escasos metros. Violeta entró primero. Tras cerrar la puerta, Aarón le indicó el destino al taxista. El hombre, de oronda figura y sonriente cara, comenzó a hablarles. Como a casi todos los taxistas le gustaba charlar con los clientes. Aarón contestaba muchas veces asintiendo o negando con la cabeza casi mecánicamente, pues no le prestaba mucha atención. Sus ojos estaban fijos en su compañera. Intentaba adivinar qué pensaba. Su cara reflejaba una tristeza abrumadora. Ya no recordaba cómo era cuando se la presentaron en el TET, pero estaba seguro de que sería mucho más jovial y divertida. Supuso que la pérdida es algo que marcaba. Él no lo sabía, puesto que no había sufrido la desaparición de alguien allegado nunca, ni siquiera de sus padres. Estos seguían vivos allá en el 2062. Entonces pensó en Sara y en cómo sería perderla. Se sintió vacío. Posiblemente sin ella aquella locura que estaban viviendo ya lo habría consumido. Daba gracias a Dios por tenerla. De sopetón una voz interrumpió sus pensamientos. Pestañeando miró al conductor.

- ¡Señor! , le decía que hemos llegado. Son 30$ con 10 centavos.
Aarón sacó su cartera y le ofreció 35$. Quédese la vuelta – le dijo-

- Muchas gracias, que tengan un buen día.

Se bajaron del taxi y tras cerrar la puerta éste aceleró hasta perderse en el tráfico reinante en la calle. Al girarse, se encontraron delante del café donde solían reunirse lejos del polvoriento y viejo almacén en el que intentaban reconstruir el sistema espacio-temporal. En su interior, Max, Sara, Ross y Richard los esperaban en la mesa de siempre. Con paso decidido fueron a su encuentro y Aarón, con dulzura y firmeza, le dio un prolongado beso a Sara. Cuando todos dejaron de mirarlos con sana envidia y cierto cariño, se dispusieron a contarse las buenas y también las extrañas nuevas.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez