martes, 28 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 32

CAPÍTULO 32. JUSTO A TIEMPO.

- ¡Debemos ir en su busca! – exclamó Sara- Podría estar herido o algo peor.

- Tranquilízate – contestó con calma Richard- La señal del localizador que le dejé llega clara. La cuestión es no dar un paso en falso o nos descubrirán. Bien, os daré un arma a cada uno. Nos dividiremos. Aarón y Sara por un lado y Violeta y yo por otro. Ambas direcciones llevan al punto de donde proviene su señal.

- Yo no quiero arma – dijo Violeta-

Sorprendidos, los tres se viraron hacia ella, que permanecía ligeramente separada del grupo.

- Violeta, debes cogerla. Ya sabes a quiénes nos enfrentamos. Sé que estás asustada y triste. Sé también que posiblemente ya todo te da igual. Pero debes llevarla. La vida no se ha acabado para ti, ni para ninguno de nosotros. Hay que seguir adelante.

- Lo siento – contestó ella entre lágrimas silenciosas- no puedo.

- Está bien – dijo suspirando Richard- Entonces mantente pegada a mí y atenta a lo que te indique. ¿Entendido?

Violeta asintió.

- En marcha entonces – ordenó el soldado-. Y se pusieron en movimiento deseándose suerte.

Aarón y Sara tomaron el camino de la izquierda. Un largo pasillo fue su única compañía durante media hora. Luego comenzaron a oír voces y pasos. Abrieron una puerta a su derecha y la cerraron tras de sí. Esperaron en silencio.

- ¡Si no encontramos a ese mamón Fleitas nos va a crucificar!

- Lo encontraremos, no se preocupe.

- Oye – dijo Gwen al soldado que la acompañaba parándose delante de la puerta -¡no me vengas con optimismos estúpidos! Ese tío es muy listo. Y ya se nos ha escurrido varias veces.

El soldado sostuvo la mirada asesina de la chica sin inmutarse, pero mantuvo la boca cerrada. Gwen continuó hablando:

- Vamos – ordenó- Debemos darnos prisa. Tenemos que zanjar este asunto antes de una hora o partirán sin nosotros.

Reanudaron la marcha por el pasillo alejándose de la puerta. Entonces ésta se abrió despacio, surgiendo Aarón y Sara de ella con sigilo. Vieron alejarse a la chica y el soldado. Con una mirada entre ambos se lo dijeron todo y comenzaron a seguirlos.


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Richard notaba la presencia de Violeta justo detrás de él. Llevaba el aparato de rastreo y la señal de Max era fuerte y clara. Parece que de momento se mantiene entera – pensó-. Llevaban ya mucho rato andando. Habían esquivado a varios tipos con bata y algún que otro grupo de soldados que buscaban a alguien. Llegaron a la siguiente esquina y con un gesto de la mano le indicó a la chica que parase. Con cautela se asomó por el borde. El pasillo parecía vacío. Espero 3 minutos hasta reanudar la marcha. Todos sus sentidos estaban alerta… o eso pensaba él. Demasiado tarde percibió el movimiento a sus espaldas.

- ¿Vais a alguna parte?

Se giraron despacio y allí estaban. Un grupo de 5 soldados y ella, la traidora, apuntándolos con sus armas. A Violeta se le encendió un fuego interior que nadie percibió.

- Suelta la pistola Richard.

Este obedeció. Acto seguido se acercaron a ellos. Los empujaron contra la pared y comenzaron a cachearlos.

- Fleitas tenía sospechas de que Max no volvió sólo. Veo que no se equivocaba. ¿Dónde están los demás?

- Muertos – contestó Richard-

- Puede – dijo Paula con una media sonrisa - o puede que estén vivos y anden por ahí. En cualquiera caso los encontraremos y correrán vuestra misma suerte. Matadlos – ordenó a los soldados-

El más cercano sacó su pistola de la funda y la levantó hacia Richard. Con una rapidez eficaz éste giro sobre si mismo agarrando el arma con la mano izquierda y asestándole un certero golpe en la nuez a su verdugo con la derecha. Mientras se desplomaba y los demás lo apuntaban, disparó dos veces, acertando a otros dos. Violeta continuaba junto a la pared, agachada y con las manos sobre la cabeza. Richard sintió un dolor agudo en el hombro y cayó de rodillas. Disparó de nuevo, hiriendo en la pierna al soldado que le había disparado.

- ¡Corre! – le gritó a Violeta-, ¡muévete de una vez!

Violeta reaccionó y comenzó a correr en dirección contraria. Mientras él vio como arrastraban a la chica que había herido tras la esquina, parapetándose allí. No consiguió ver a Paula. También se había puesto a cubierto supuso. Retrocedió unos pasos mientras la sangre le brotaba de la herida. Abrió una de las puertas que encontró y entró por ella. Buscó algo con lo que detener la hemorragia.


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Gwen y el soldado entraron en la sala. Varios armarios llenaban las paredes, así como un sofisticado sistema de pantallas donde podían verse múltiples zonas del recinto. Un guardia desvió su mirada de las imágenes y saludó.

- ¿Has encontrado algo?

- No señora. Al menos en los sectores que he mirado de momento.

A la vez que hablaban, el soldado rebuscaba en uno de los armarios, repleto de múltiple armamento. Cogió un cinturón con granadas implosivas y algunos cartuchos para la pistola. Entonces sintió la presión de algo en la nuca.

- Suéltalas – le susurraron-

Obedeció mientras su cerebro calculaba la situación. Date la vuelta, le dijeron. Al girarse reconoció a uno de los que había visto en holo-imagen. Era Aarón. Por detrás de él la conocida como Sara apuntaba hacia sus compañeros, que no se habían percatado de la situación.

El vigilante cambiaba las imágenes de las pantallas, visitando distintas zonas constantemente. De pronto se detuvo en una donde pudo ver a una soldado herida y a su compañero asistiéndola mientras empuñaba el arma. De vez en cuando se asomaba al pasillo contiguo, pero allí no había nadie.

- Algo ha pasado ahí, eso está claro – dijo Gwen- Iré a ver. Tú mantenme informado por radio. ¿Tienes ya lo necesario? – preguntó girándose hacia el soldado y llevándose una sorpresa-

- Soltad las armas y no os mováis – ordenó Sara apuntándoles-

Gwen y el vigilante no se movieron.

- ¿Estáis sordos?

- No lo estamos chica. Pero si no bajas el arma tú y te rindes juro que tu muerte será lenta y dolorosa.

- Parece que no comprendes la situación. Nosotros tenemos las armas y os estamos apuntando – contestó Sara mientras la desafiaba con la mirada-

- Te equivocas – oyó decir detrás- Ahora yo apunto a tu novio y tú a Gwen. Si la matas lo mato.

Sin saber cómo, Aarón se encontraba ahora agarrado por el cuello y era apuntado por el soldado con su arma.

- ¿Qué eliges chica? – preguntó Gwen-

Sara dudó un minuto antes de decidir.


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Violeta corría siguiendo la señal de posición de Max. Llegó a otro pasillo parecido a los demás. Parece que no acabará nunca – pensó-. Entonces la vio. Una doble puerta con HANGAR 2 escrito encima. Se acercó despacio y se plantó frente a ellas. Nada. Miró alrededor buscando la causa hasta que cayó en la cuenta del panel con la ranura para tarjetas.

- ¡Mierda! –se le escapó-

- Necesitas la llave para entrar. ¿Creías que iba a resultar fácil?

Reconoció aquella voz antes de virarse. Era Paula, apuntándola con su pistola. En ese momento le pareció una estupidez no haber cogido la que le ofrecieron antes de empezar todo aquello.

- Bueno guapa – dijo Paula acercándose - se te acabó la suerte. Ya es hora de que mueras como los perros de tus compañeros.

El recuerdo hizo que tristes lágrimas lamieran las mejillas de Violeta. No llores tonta – escuchó- pronto te reunirás con ellos. Y justo cuando Paula comenzaba a apretar el gatillo reaccionó y agarró el brazo extendido de ésta, apartándose de la trayectoria del arma. El disparo dio en el panel, haciendo que saltaran chispas. Las puertas se abrieron con un siseo. Forcejeando, sintió como le daban un rodillazo en las costillas, pero a pesar del dolor no soltó el brazo de Paula. Sin pensarlo le asestó un cabezazo en la cara oyendo un crack y el dolor recorrió su frente mientras oía un gemido de dolor procedente de Paula. El arma cayó al suelo. Sonada por el golpe, Violeta se tambaleó un poco mientras se tocaba la frente con la mano. Miró hacia su adversaria y la vio sujetarse la nariz mientras las manos se le empapaban de sangre. Se agachó a coger la pistola. La sintió antes de verla. Empuñó el arma y disparó. Luego apreció el enorme peso cayéndole encima. Apartó el cuerpo de Paula y se levantó. Corrió hacia las puertas atravesándolas. La adrenalina recorría su cuerpo mientras miraba el aparato, con la señal de Max cada vez más cerca. El hangar era enorme y el aparato la llevaba a una extraña figura de proporciones gigantescas sostenida en el aire. Se dirigió a las largas escaleras automáticas que ascendían hasta el objeto. Cuando llegó arriba y hubo entrado, se cruzó con un tipo con una bata blanca. Lo apuntó con el arma y le mostró la señal.

- Llévame allí o te vuelo la cabeza – dijo con firmeza. Asustado y tartamudeando el tipo le contestó que sí y comenzó a caminar. Violeta iba incitándolo a andar más deprisa apretando la pistola contra su espalda. Tras recorrer varios tramos del lugar se paró junto a una pared.

- ¿Por qué te detienes? – preguntó con violencia-

- Es a-a-aquí – tartamudeó el hombre-

- ¿Me tomas por idiota? – exclamó ella-

- No, no, no, señorita – contestó rápidamente-. Se lo enseñaré. Y acto seguido puso la mano en la pared y ésta, atravesó la misma como si fuese agua.

- ¿Pero cómo? – preguntó sorprendida-. Sin embargo la señal del aparato era más intensa allí. El tipo se encogió de hombros y la invitó a que probara. Tú primero – dijo ella-. El hombre fue desapareciendo a través de la pared y ella lo siguió. Notó una leve sensación de frío y luego observo el lugar. Una especie de habitación se abría ante sus ojos. A sus oídos llegaron unas voces con claridad, pero ninguna era la del individuo de la bata:

- Sinceramente Fleitas, sigo creyendo que estás loco.

- Claro que sí Max. A todos los genios de la historia los han declarado locos. Sin embargo mi hazaña será mayor que la de cualquier ser humano conocido. En cambio la tuya – y Violeta vio como Fleitas levantaba el arma hacia Max- tan solo será un recuerdo vago en mi memoria. En ese instante Violeta disparó y Fleitas cayó al suelo.

El tipo de la bata blanca se había encogido en el suelo atemorizado. Max la miraba atónito. Luego se acercó a ella y la abrazó con fuerza. No reaccionó, quedando sorprendida por el gesto. Él se separó y mirándola a los ojos dijo:

- Creí que iba a morir. Me has salvado la vida y nunca lo olvidaré. Llegaste justo a tiempo.

Y por primera vez desde hacía mucho, Violeta sintió que podría seguir adelante y le dedicó una amplia sonrisa a su compañero.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez