martes, 28 de octubre de 2008

Libro: PROYECTO A.E. CAPÍTULO 33

CAPÍTULO 33. SOLTADLES.

Richard se había hecho un vendaje con unos jirones de sábanas limpias que encontró en un armario. No era lo más adecuado, pero de momento serviría. Un golpe violento en la puerta le hizo fijar su mirada en ella. Ya vienen – pensó-. Había trancado la puerta con un armario más grande que esta. Sin embargo, la puerta era corredera. En cuanto corto-circuitaran el cierre para abrirla, sólo tendrían que empujar el armario. Sacó el cargador de su pistola y presionó un panel más pequeño que la yema de un dedo. Una franja a lo largo se fue iluminando en color azul. Se quedó a la mitad. La batería no duraría mucho. Examinó las opciones que le quedaban. Ya había registrado la habitación de arriba para abajo y nada. La única salida sería un conducto de ventilación tan estrecho que hasta un gato tendría problemas para atravesarlo. Se oyó un chispazo y un siseo. La puerta se había abierto. Se plantó detrás de la cama mirando hacia el armario. Se oyeron voces provenientes de fuera. Entonces cayó en la cuenta y se levantó como un rayo.


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- ¿Sabéis qué? – dijo Gwen- me hace gracia vuestra patética muestra de amor. Tan sólo debías disparar y al menos tú habrías tenido una oportunidad, Sara. Sin embargo, al rendirte, te has condenado junto con él –y señaló a Aaron-

- Bueno – contestó ella- no esperaba menos de una mujer que no sabe lo que es amar.

La risa de Gwen llenó la habitación. ¿De qué sirve el amor? – preguntó-. ¿Acaso da de comer o te puedes comprar algo con él? Yo prefiero manejar a los hombres, utilizarlos para mis fines. Ahora mismo me trabajo a Fleitas. La pobrecita Paula cree que él la quiere. Ilusa estúpida. A él le repugna que una mujer se arrastre con esos sentimentalismos baratos. Necesita una mujer fuerte y decidida. Y eso me ha valido un pasaje al paraíso.

- Así que básicamente eres una vulgar puta.

Gwen borró la sonrisa de su rostro, se acercó a la silla donde habían atado a Aarón y le cruzó la cara de un derechazo. El labio partido de éste comenzó a sangrar.

- Sí – dijo ella- soy tan puta que serás el primero en morir. Sacó un enorme cuchillo y lo puso delante de él. Vas a sufrir, eso te lo garantizo. Si quieres, puedes gritar.

- Señora – anunció el vigilante- Van a entrar en la habitación. Han abierto la puerta y algún mueble les impide el paso, pero ya lo están derribando.

Gwen desvió su atención hacia las pantallas. Vio a los guardias entrar en el recinto. Pasaron unos minutos hasta que volvieron a salir. Uno de ellos miró directo a la cámara y por radio informó:

- No hemos encontrado a nadie. La habitación está vacía.

- ¿Cómo que vacía? ¡Si nos dijeron que había entrado ahí!

- Pues habrán errado señora. Le repito que aquí no hay nadie.

- Traedme a esos dos inútiles. Les preguntaré yo misma.

- Pero, la chica esta herida en una pierna, no es aconsejable moverla. Yo creo…

- ¡Tú no crees nada – interrumpió Gwen- He dicho que me los traigas y me los traes! ¿Queda claro?

- Como el agua señora. Voy por ellos.



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La habitación estaba revuelta. No quedaba mucho en pie. El armario yacía tumbado en parte sobre la cama. Habían revisado cada rincón sin encontrar nada. Sin embargo, a nadie se le ocurrió mirar dentro del armario. Una puerta corredera se deslizó y Richard salió como pudo por el estrecho hueco que había quedado entre la cama y el mueble del que salía. Suerte que los guardias no habían deslizado la cama que él mismo rodó previamente para evitar que el armario quedase en contacto con el suelo directamente. Nunca habría podido salir si las puertas estuvieran sobre el piso. Con sigilo, y magullado, se encaminó hacia la puerta de la habitación. Asomando la cabeza con rapidez, miró a izquierda y derecha. No divisó vigilancia. Salió al pasillo y cogió el mismo camino por el que había visto huir a Violeta.


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- ¡Os repito que allí no estaba par de imbéciles! ¿Crees que si hubierais mirado bien no habrían encontrado a ese mamón?

- Señora – dijo el guardia con nerviosismo- le juro que lo vi meterse en la habitación sin ninguna duda. Quizás encontró otro medio para salir de ella.

- Imposible – se oyó decir al vigilante- El único medio de entrar o salir aparte de la puerta sería el conducto de ventilación y por ese sólo caben el aire y los insectos.

- Muy bien. Tendremos que romper las normas y acceder a las grabaciones de la habitación – comentó Gwen-. Código de acceso: 41 25 96 87.

El vigilante presionó el teclado táctil con ligereza. Al momento buscaron el número de la cámara y la holo imagen apareció en pantalla. El hombre marcó la hora aproximada en que se suponía que Richard había penetrado allí. Durante un rato la imagen no ofrecía más que quietud. Al poco rato la puerta se abría y el soldado entraba en ella sujetándose el hombro.

- ¡Ahí está! – exclamó el chico que aseguraba que había entrado-

- Lo veo. Ahora cierra el pico y déjame ver que es lo que hizo para escapar.

En la imagen se observaba cómo Richard acercaba la cama al armario que había colocado para obstruir la puerta. Acto seguido y ante el asombro de los presentes, abría el armario y se escondía en él. Al momento el armario caía sobre la cama, los guardias entraban y registraban en vano la habitación.

- ¡Malditos inútiles! Contactad con ellos inmediatamente. Que vuelvan allí y cosan a tiros ese armario. Después que saquen lo que quede de…

- ¡Señora! El vigilante señalaba la pantalla. Se pudo ver como Richard salía del armario y poco después desaparecía por la puerta.

- ¡Mierda! Búscamelo con las cámaras. Vosotros –dijo dirigiéndose a la chica herida y su compañero- localizad a esos imbéciles y rastreadme cada rincón. ¡Quiero a Richard muerto ya!

En eso, las puertas del recinto se abrieron y apareció uno de los guardias que había revisado la habitación en el vídeo. Estaba muy serio y pálido. Lo presentes tardaron en percatarse de que le corría sangre por la camisa. El hombre terminó de entrar y casi sin voz dijo:

- Lo siento. Nos pilló desprevenidos.

En ese instante tras él asomó Richard con su pistola apuntando a Gwen y cubriéndose con el guardia.

- Soltadles.

Proyecto A.E. copyright © Airam Noda Gómez