Un mes y una semana lleva entre nosotros, con esa característica tan común entre los recién nacidos de darle a los padres la "alegría" de despertarlos cada noche entre llantos para comer, de despertarlos entre llantos por los gases, de despertarlos entre llantos porque tiene el pañal sucio... resumiendo, despertarnos entre llantos es su mayor meta y finalidad ahora mismo. XDDD
Bromas aparte, en el fondo no importa lo que haya que hacer o lo cansado que se llegue a estar, porque basta cruzar una mirada con ella para saber que vale la pena cada momento y hay que saborearlos porque posiblemente no se repitan a medida que vaya creciendo. Todavía la miro y me sorprendo pensando en que es mi hija, como si acabase de descubrirlo por primera vez y me embarga una felicidad que no se puede explicar. Está claro que hay que vivirlo para sentirlo.
Con ella ha llegado LA RESPONSABILIDAD, así, con mayúsculas. Todo lo que uno pueda hacer por sí mismo o cualquier otra responsabilidad pasada no es nada comparado con lo que seremos capaces de hacer por ella. Así es como se siente, tremendamente crecido, casi pensando que soy capaz de todo. No importan los miedos, ni las dudas, ni los obstáculos que haya o están por venir. Ella te motiva a superarlo todo y a seguir moviéndote, ella lo merece, ella... ¡es mi hija!, y creo y espero que nunca me deje de sorprender.